Creo que el principio de la neurosis se haya en negar que determinadas cosas son como son. Y mira que soy un miliciano de la resistencia, pero también del maravilloso arte del fluir. De tal modo suscribo: la persistencia del mal se ancla (¡Porque está anclada, atorada, prisionera!) en resistir con enfermiza obstinación el flujo natural de las cosas —que son en sí lo que ocurre. ¿De cuántas cosas me he perdido por atarme a mis personalísimas querencias? ¿Cuánto sufrimiento me he causado por no aceptar que las flores pueden tener su propio color? Me propongo abrazar eso que no-es-yo. Se me antoja ponerle mantequilla al arraigo de los deseos, y dejar que la neurosis resbale, resbale y resbale y pase, como la bala que pue’ que zumbe pero no mata.